El mole, un platillo lleno de historia

Uno de los platillos más representativos de nuestro México es el mole, del que conocemos muchas variedades, aunque los más conocidos son el mole poblano y los moles oaxaqueños. Un plato cuyo origen nos remonta a la época prehispánica, y que a través de los siglos se ha ido transformando, al igual que nuestra cultura.

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La historia del mole

 Fue Fray Bernardino de Sahagún quien relató por primera ocasión un guisado prehispánico que se ofrendaba a Moctezuma y que era preparado con una salsa de chile caldosa llamada chilmulli o chilmole. Dichos mullis eran también ofrendados a los dioses como muestra de agradecimiento tras largos viajes.

Con el paso del tiempo, estas salsas preparadas a base de mezclas de chiles, pepitas, tomates, achiote y otras especias fue evolucionando, añadiéndose a la preparación otros ingredientes propios de cada región donde se preparaba y otros traídos de Europa y Asia durante la época colonial.

 Del mole como hoy en día lo conocemos, existen varias versiones sobre su origen. Una de ellas narra que el mole poblano, cuya receta original utilizaba cerca de 100 ingredientes, surgió en el Convento de Santa Rosa, en la ciudad de Puebla, cuando una monja molió en un metate diferentes chiles y condimentos.

 Con el tiempo su evolución ha ido perfeccionándose y enriqueciéndose no solo con ingredientes, sino también con la cultura de cada cocinero o cocinera que ha puesto sus manos para elaborarlo generación tras generación.

La Mera